miércoles, 4 de octubre de 2017

Derecho de indeterminación

por qué no reconocemos de una
que estamos solos

el uno y el otro
y todos los demás.

que el abecedario, la gramática
las circunstancias geopolíticas

apenas nos contienen brevemente
hasta salir del nido.

que estamos de paso y al azar
en una tierra

que solo nos dará su abrazo
cuando se vuelva tumba.

por no hablar de banderas que son
harapos, despojos de las batallas

perdidas —siempre— por antepasados
más que diluidos en la genética.

que todos somos extraños
extranjeros en nuestro propio cuerpo.

todos putas, hijos de puta
y maricones

putos traidores al niño que dejamos
atrás, en la única patria.

putos exiliados, jodidos
transeúntes, emigrantes

malditos huyendo de por vida
de la violencia.

que con independencia de
los derechos de cada uno

todo está torcido.



--un poema de Tive Martínez, 2017



jueves, 7 de septiembre de 2017

"Las niñas prodigio" de SABINA URRACA (reseña)



--una reseña de Tive Martínez, 2017


Adelaida García Morales escribió "El Sur" en un retiro de cinco años en La Alpujarra, lugar en el que situó después los hechos de su novela definitiva, "El silencio de las sirenas".

Sabina Urraca también se retiró un año a este apartado rincón, y de allí ha regresado con otra obra extraordinaria de amores obsesivos y fantasmas.

La conexión daría para teorizar sobre la posibilidad de un gótico sureño a la española de paisajes brumosos y casas familiares en ruinas, tan sombríos y hechizantes como sus atormentados personajes.

El trasmundo de alusiones y veladuras que García Morales dejó entrever en "Bene", la infancia y adolescencia femeninas como territorio trágico y libérrimo del que apenas dio detalles explícitos en "La tía Águeda", se vuelven pornografía y gore en "Las niñas prodigio" de Sabina Urraca —esos géneros tan cercanos al humor negro desesperado como única salida.

Pero no son solo los primeros planos sangrantes lo que diferencia a dos autoras tan espiritualmente hermanadas.

García Morales fue, en cierta manera, una escritora malograda por su propia evanescencia, que le impedía diseñar un armazón literario satisfactorio.

Por el contrario, Sabina Urraca domina la estructura, enlazando capítulos que son por sí mismos historias redondas, y cerrando la novela con un final que se lee con la doble emoción de lo relatado cuando está tan maravillosamente escrito.

Es un placer leer a Sabina Urraca, por más que haya lectores que se asusten de su incorrección —digamos— moral.

Su alucinado panel de prodigiosas niñas malas, y en particular la espeluznante lucidez con la que su protagonista da cuenta de cada una de sus bajezas, requieren tal vez lectores menos cerrados a sentir el verdadero dolor del hueco y la caída.


-- "Las niñas prodigio" de Sabina Urraca ha sido publicado de modo inmejorable por Fulgencio Pimentel, 2017.

lunes, 21 de agosto de 2017

"VIDAS PERFECTAS", de ANTONIO J. RODRÍGUEZ (reseña)

-- una reseña de Tive Martínez, 2017




Antonio J. Rodríguez dejó claro con "Fresy Cool", su excesivo debut de 2012, que él es capaz de escribir lo que quiera y como quiera. 

Aquella primera novela, verborreica hasta el cripticismo, se disfrutaba en cada relectura por puro placer. Entender qué demonios estaba pasando exactamente allí era lo de menos —por descontado— de modo que se convirtió en nuestro David Foster Wallace, y también en un William Gibson en monopatín eléctrico surcando el asfalto de Madrid.

Con "Vidas perfectas", Antonio J. Rodríguez aplica su talento —como quien no quiere la cosa— a una trama fácil de apariencia detectivesca que la emparenta con obras menores —es un decir— de autores como el Roberto Bolaño de "La pista de hielo" o el Javier Marías de "Los enamoramientos".

La nueva novela relata en primera persona los pasos cansinos de un improbable investigador amateur que pretende revelar la verdad tras el asesinato de unos conocidos, la insoportablemente perfecta pareja burguesa formada por el jugador de waterpolo Gael y la animalista Vera, aparentemente cercanos al narrador y envidiadísimos por todas sus amistades. 

Como es de imaginar, nada es lo que parece: el amargado Xavier, que ve pasar su juventud como docente en un centro privado, está más interesado en enrollarse con la hija adolescente de la pareja, una tal Mika —nombres a toda vista imposibles, que redundan en lo ridículo de la situación. Muy pronto la novela se revela sátira, llena de personajes mezquinos, despreciables, cobardes, asqueados de sus puestos de trabajo y la impostura general de su existencia, en la linea de autores como Michel Houellebecq o Virginie Despentes

La trama 'policiaca' se resolverá —como es de esperar— de cualquier manera, con la revelación de una tragedia sin importancia. ¿Qué hace que el lector avance su lectura y llegue al final, soportando la estupidez del narrador y la irrelevancia de sus opiniones sobre temas como la imagen falsa que proyectamos en redes sociales o la pederastia? Tengo un par de respuestas.

La primera es marca de la casa y juega con la expectativa del lector que cree 'conocer' la vida privada del autor Antonio J. Rodríguez, marido y padre, editor jefe. Este lector voyeur puede hacerse la ilusión de pescar referencias a personas y sucesos reales, y solazarse en este mórbido botín. 

Aunque también es cierto que los mejores momentos de la primera parte de la novela  —aquellos que ennoblecen a sus protagonistas— recuerdan a cierto viaje a Tokyo realizado por el autor y su pareja, la poeta Luna Miguel, que ésta también usa como material sensible en su último poemario "El arrecife de las sirenas". Y es que Antonio J. Rodríguez aprendió muy bien de Emmanuel Carrère cómo valerse literariamente de lo autobiográfico.

La segunda razón que se me ocurre es la introducción de un protagonista extraño justo en el momento en que el lector está tentado de abandonar la lectura, hacia mitad de la novela. La princesa Mitsuki (sic), todo y con ser el más absurdo de los personajes, es la Lisbeth Salander de "Vidas perfectas", un ente prácticamente virtual que nos conduce más allá de lo previsible. 

Mitsuki, con su apariencia inocua de Hello Kitty, salva el libro. Pero que no haya duda  —ya he dicho que Antonio J. Rodríguez es el puto amo de esta historia. Él sabe, desde el principio, que vamos a aborrecer al narrador y su cuñadismo. Cayendo en la trampa de la ficción, llegamos hasta el final redentor, de paso que la lectura atenta nos ha ido revelando  —al través, con la osadía exhibicionista de los grandes tímidos— varios de sus demonios familiares. 

-- "Vidas perfectas" de Antonio J. Rodríguez  (2017, Random House)

domingo, 23 de julio de 2017

Poesía Molotov




por la verdadera revolución, que también será conceptual

Demasiado tiempo siendo la argamasa del hombre
que amaba al pueblo.

Lo vimos con la boca llena de pueblo: 
masticando pueblo, 
escupiendo pueblo.

Y cómo amasaba al pueblo!
Cómo el pueblo fermentaba   
y espumaba entre sus dedos!

Dejemos de ser masa:
seamos la suma de individuos, 
cada uno con su piel y sus espinas.

Así se le atragante el ciudadano!
Uno tras otro, atascados en su garganta!

Las personas somos de otra pasta: 
indigeribles.

-- un poema de Tive Martínez, 2017
convertido de #poesíamolotov por la libertad de Venezuela

miércoles, 5 de julio de 2017

"Accidente", de Camino Román (reseña)



Apareció como de la nada con un título de lo más icónico, <3 <3 (2014), que llegaría a ser todo un superventas si no fuera porque se descargaba gratuitamente. Según cuenta la autora, lo hizo inspirada por el pionero en publicación virtual, Vicente Monroy. ¿Quién se encontraba detrás de ese nombre que parecía un seudónimo? Camino Román, insospechada estrella de la protozoica Alt-Lit en español, era una profesora de secundaria que mantenía los lazos con Veguellina de Órbigo, localidad de 2.000 habitantes en la provincia de León en la que nació.

Accidente se ha publicado este año como resultado de obtener el accésit del Premio Adonáis 2016. El jurado enlazó sus poemas con la sencillez y el humor de Gloria Fuertes y Wislawa Szymborska, cosa que no es disparatada, pero creo que también es importante señalar sus vínculos con aquello que estalló en torno a 2014, fecha de composición de algunos de los poemas del nuevo libro, y que hizo implosión en el verano del mismo año cuando apenas comenzaba a definirse como Lat-Lit, en referencia a su ámbito transatlántico. De ese modo, Camino Román pertenecería al linaje maldito, por lo transgresor, de otros singulares poetas como Óscar García Sierra  (Houston, yo soy el problema) o Ter (El poemario de las famosas).

Internet, redes sociales, sí, pero no como mero topoi para figurar joven y moderno sino porque son el lugar común y espacio natural de donde surgen los poemas. No he contado cuántos, pero la mayoría de Accidente son una respuesta a estímulos procedentes de tuits/gifs/emojis/chats, comentarios de diseñadores de moda/publicistas en entrevistas digitales. Todo ello incorporado a la vida cotidiana, que en el caso de la autora también incluye paseos con el perro a la orilla del río, partidos de fútbol amateur y manicura vietnamita.

Una prueba de la ausencia de pretensiones de estos poemas es la materialidad de títulos como "Tus piernas", "Galletas", "Pizza margarita", "Sudadera". En varios de ellos se atribuye la autoría a personas ajenas al poeta, en una suerte de poesía-eres-tú. Camino se mueve, en este sentido, como Bécquer, hacia un romanticismo crepuscular, capaz de enamorarse de unas zapatillas como de encontrar pequeñas revelaciones de amor transcendente en gestos cotidianos.  

Como rasgo de estilo que prueba su estirpe está la dicción fragmentaria, voluntariamente sin maña, despreocupada de poéticas clásicas ("Un alejandrino podría ser / Algo inventado por nosotros / Algo perfecto como podríamos ser nosotros") y con la lógica caprichosa de lo nerdy ("Conocí a Mark Strand el día en que se murió, digo conocí porque vi sus fotos, leí algún poema / A veces la muerte trae cosas buenas como por ejemplo que un periodista se acuerde de ti"). La escritura, la lectura, lo inesperado, el accidente: "La próxima vez que pase por tu calle me va a pillar un coche".

-- una reseña de Tive Martínez, 2107

-- "Accidente" de Camino Román (Rialp, 2017)

viernes, 16 de junio de 2017

VENDAJES, un poema para Amarna Miller



"Hay días en que tienes que grabar una escena 
y la haces porque es tu trabajo"
(Amarna Miller)


como actriz a la que no le apetece
pero igual se maquilla, y tira de oficio
y lubricante

así calzo yo el uniforme, en tanto preservo
mis heridas y vendo mi cuerpo
(con esparadrapo)

como ella, protejo mis ojos de quemaduras
anudando durezas con deformidades
y todo tan dignamente

sin hacer daño a nadie
(que es lo hoy más me apetecería)


--un poema de Tive Martínez, 2017