viernes, 17 de marzo de 2017

PATÁN


Eran las dos
o las tres
de la madrugada

En el verano
funesto
de 2001

Barrio chino
de Cartagena

Caí sobre
Fernanda Abreu

Con todo
mi peso

Le encajé un golpe
en el pecho
izquierdo

Ella fue
súper amable

No se quejó
No hizo ningún
reproche

Poco antes me
había dado
unos consejos

Fernanda Abreu
se llevó a Rio
el moratón

Vino de Brasil
para que yo le arreara
un codazo

Con todo
mi peso

Con toda
mi torpeza

Fernanda Abreu

En la madrugada
funesta
de Cartagena


--un poema de Tive Martínez, 2017


martes, 14 de marzo de 2017

SANTUARIO


—a AZ Phadrig

Solo y en vela, y sin batería
me dispongo a tomar el mando del televisor
con el que combatir tristezas en un canal de pago,
pero la mano se me va al lomo pringoso
de una Sagrada Biblia que hace guardia estraté-
gicamente junto al teléfono y otras útiles
informaciones en la mesilla. Dejo que el volumen
se despegue por una página cualquiera, y leo
lo primero que cae en suerte: "El que quiera venir en
pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz cada
día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida,
la perderá; pero quien pierda la vida por mí, la
salvará". Es suficiente. La noche se alarga
y han comenzado a dolerme
las muelas.

De mañana, salgo del hotel con batería
pero solo. Camino con torpeza hacia las puertas
de una iglesia neo-gótica. Nadie me invita a cruzar
el umbral y nadie me impide la entrada, así que
me deslizo con el culo por un banco que está libre,
que no resulta acogedor pero tampoco es incómodo.
Puedo apreciar el cromatismo de unas vidrieras que
realzarían el sombrío interior, si hoy fuera un día
soleado. Huele bien. El incienso me abre el apetito.
Escucho la voz amplificada del párroco: "Lectura
del Santo Evangelio según San Lucas, 9, 23-
25. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el
que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien
pierda la vida por mí, la salvará". Palabra
del Señor.

¿Es eso todo? ¿No hay mayor refugio
que lo que yo ya sabía? —que el azar, la pura
chiripa, rije mi existencia. Igual que estoy aquí, podría
estar en la Morgue por haber cruzado la avenida
embotado en mis tinieblas. Los fieles extienden la lengua
para recibir con gula el Cuerpo de Cristo, que anda
cubierto apenas por un trapo entre las piernas, y su
Sangre. Imagino al padre también desnudo. Un santo de-
capitado mira el techo en éxtasis. Vuelve el dolor,
tan violento que me provoca
una erección.

Salgo de la iglesia neo-gótica,
pero esta vez miro de lado a lado antes de cruzar
en procura de una farmacia abierta.


--un poema de Tive Martínez, 2017

lunes, 6 de marzo de 2017

EL SILENCIO DE LAS BESTIAS, de Unai Velasco (reseña)




“El silencio de las bestias” (La Bella Varsovia, 2014) no es el pasmo de los corderos, es la callada aceptación de la existencia en la mirada de Platero, el burro. Unai Velasco, el más juanramoniano de los poetas jóvenes, tiene su mismo afán de perfección y le inquieta que la palabra del poeta lo aleje de la realidad que poetiza.

A diferencia de Juan Ramón, la escritura de Unai es barroca, logorreica, por necesidad de llenar el espacio, no ya con adornos abigarrados estetizantes —no es tampoco poesía culturalista, aunque contiene muchas citas— , sino con una admirable profusión de versos, apurando al máximo las posibilidades semánticas y fonéticas de las palabras, que se reproducen, ante nuestro asombro, eco a eco.

En un libro ordenado a modo de misal, la palabra adquiere significados sorprendentes para expresar las experiencias, o incluso recupera sentidos borrados por el uso. Es el caso de misa, en su origen, despedida.

Ante la paradoja de ser convocados para luego ser despedidos, este poemario apasionante —continuación lógica de “En este lugar” (Esto no es Berlín, 2012)— , aunque añore para el hombre la silenciosa respuesta de las bestias, no puede más que explayarse hasta el límite del lenguaje, sin estupor pero sin llegar a perder la cordura.

"Importa la verborrea del amor", escribió Luna Miguel en un poema que tiene su compañero aquí (“Fiesta en Andorra”). Es la amistad, refugio que vertebra “El silencio de las bestias”, donde los amigos son establo. Es decir, ganado. Porque no perdido.


-- una reseña de Tive Martínez (publicada originalmente en Los Perros Románticos, 2014) 
+ reseña de "En este lugar": http://paradojasdelconserje.blogspot.com.es/2014/01/en-este-lugar-de-unai-velasco.html

sábado, 4 de marzo de 2017

IGUALES



un hombre se rasca
a escasos metros
de mí

¿hay algo que nos una
más allá del tiempo y el espacio
que compartimos por azar?

¿me mira él con algo más
que indiferencia, envidia
o rabia?

¿acaso no puede dormir
pensando en la curvatura
de mis cejas?

el hombre bosteza:
no hay hilo divino que me ate
a esas caries

¿y yo debería amarlo
más que a las bacterias
que pueblan mi tracto intestinal?

no somos semejantes:
por él no siento el aborrecimiento
que siento conmigo


-- un poema de Tive Martínez, 2017

lunes, 27 de febrero de 2017

"PERDIDA EN UN BOL DE CEREALES", de Elisa Levi (reseña)



Soy de los que, antes que ponerse a leer al escritor consagrado —y, por tanto, quemado en los altares—, antes que dedicar la atención al poeta perdido en sus manierismos, prefieren interesarse por aquel que apunta maneras.

Elisa Levi (Madrid, 1994) tenía veinte años y un puñado de poemas en redes. Ahora tiene un libro en la colección de poesía joven de Espasa, al lado del mejor de los autores surgidos de Internet: Óscar García Sierra. Con él comparte adolescencia desvalida, depresión combatida con pastillas y tuits —cuya peculiar rítmica, o la ausencia de ella, conforma su flow—, la incomodidad en fin de un cuerpo que se siente ajeno y más virtual que cualquier avatar de este juego de roles que llamamos sociedad. Óscar es un poeta nato, definitivo; Elisa es más irregular, a medio hacer. Pero cuando acierta, salen cosas como ésta:

"Voy a hacerme un bolso con tus arterias.
Por todo el daño causado.
Porque cuando el cielo vomita, mi corazón tiene hambre."

O ésta otra:

"Según la RAE, Necesidad: impulso irrefrenable.

De buscar la razón.
Hasta el punto de abrir en canal a los muertos,
rebuscar dentro de ellos,
levantar sus vísceras y pesar su corazón.
La humanidad odia los suicidios porque muchos no tiene explicación.

Las autopsias son el colmo de la necesidad."

Así que no puedo despreciar este libro de Elisa Levi por prematuro, si precisamente en su inmadurez está su valía: la belleza de lo imperfecto, incluso de lo fallido.

Varios de sus poemas se valen de referencias a la mitología clásica, con diversa suerte. Uno me da la impresión que invoca a Ulises cuando la referencia seria Orfeo. Otro desaprovecha la ocasión de citar a Prometeo/Frankenstein, dada la afinidad de la poeta con los monstruos y las huídas hacia el frío polar. Pero hay otro en el que convierte sus cabellos, agitados por las aspas de un ventilador —en este país de clima ya casi semi-desértico— en la cabeza de Medusa, lo que me resulta genial.

Por todo esto, nadie va a convencerme de que este libro debería permanecer confinado en las páginas de un diario o bitácora. No cuando así me hubiera perdido la ternura dark de versos como:

"A veces hablar de la tristeza puede llevar al equívoco.
Cuando te echo de menos cuento cerdos que entran en un matadero.
Cuando dejo de creer que mis vísceras son tuyas
intento imaginarte en la cama de otra persona.
En ese momento, dejo de tener vísceras.
En ese momento, me convierto yo en uno de esos cerdos, obligados a caminar hacia el matadero."

O estos otros:

"Me cuesta verlo todo.

Hay harmónicas en mi hígado que tocan sinfonías de mierda
que no sirven para nada más que para hacerles ver a los animales que son hermosos.

Sí, querido elefante, eres bonito.
Sí, querido león, eres el que más penita da de todos.

Pero tú,
bestia inmunda,
deja de intentar convencer a alguien de que estás bien
y reconócete a ti misma que estás podrida y desordenada."


-- Elisa Levi, "Perdida en un bol de cereales" (Espasa, 2016)
-- una reseña de Tive Martínez, 2017

jueves, 23 de febrero de 2017

Como el trébol



 --para Daniela Gaitán
 



si es capaz el trébol más villano
de extender bajo el cemento
su rizoma
si cualquier rajadura en el asfalto
—ese pegamento del diablo
el peor de los venenos jamás inventado
con que abortar la vida—
si el triste pavimento ofrece al trébol
donde tender reclamo
amarillo
para atraer donantes a su cebo
¿iba yo a ser
menos?

como el trébol
entregaré fragantes recompensas
un dulcísimo néctar a cada roce
—ya sea beso de avispa
pelitos de abeja
lengua de colibrí
espiritrompa—
y recibiré a cambio el preciado
polen entre mis
pétalos


-- un poema y fotografia de Tive Martínez, 2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

PROSAS REUNIDAS de Wisława Szymborska (reseña)


Szymborska es una de las pocas unanimidades en el proceloso mundo de los gustos literarios. No creo que haya nadie que la haya leído y no la adore. Esa mezcla suya de humor negro, pesimismo humanista, curiosidad infinita, compasión y ternura desairadas, la convierten en consuelo de lectores en busca de conocimiento y mano amiga, sin dogmatismos ni falsas euforias.

Este libraco —editado con la habitual alta calidad de Malpaso— reune todas sus muy personales reseñas de lo que ella misma llamó "lecturas no obligatorias". Es decir, esos libros que uno compra y lee por placer, nunca por compromiso, guiado por cualquier razón menos la de su supuesta calidad literaria o profundidad temática. Incluso esos libros que el lector formado nunca reconoce haber leído: guías prácticas, amenidades, libros de autoyuda y pseudociencias varias.

"¿Por qué estoy leyendo este libro? No tengo la menor intención de instalar un terrario en casa. Y aún menos un acuaterrario. No tengo pensado criar anfibios ni reptiles, por muy bonitos que sean. (...) En fin, que no soy la destinataria idónea de este libro. Solo lo estoy leyendo porque, desde prqueña, me produce placer acumular saberes innecesarios".

Éste es el tono en el que Szymborska redacta sus maravillosas reseñas. El libro puede abrirse al azar para regalarse una buena sonrisa. Diarios, libros de memorias de los personajes más subalternos: todo pasa por el filtro de un sano escepticismo que, sin embargo, proclama la vida.

"El humor es el hermanito pequeño de la seriedad. Son algo así como Epi y Blas, pero en formato cósmico. Y entre hermanos hay siempre una tensión constante."

Ya sea el típico manual de bricolage, un curso de yoga, un calendario, los "Entremeses" de Cervantes "Pobre Cervantes. No consiguió en su vida nada más que eternidad"— o la frikada de una biografía del cómico Benny Hill, el lector encontrará numerosos párrafos que subrayar en fosforito para entretenimiento y enseñanza.

"Hay algo irritante en la manera en que algunos poetas escriben sobre la poesía. Escriben como si ésta albergase aún secretos absolutamente inalcanzables para otros géneros."




--"Prosas reunidas", Wisława Szymborska. Traducción de Manuel Bellmunt Serrano. 2017, Malpaso.

-- una reseña de Tive Martínez, 2017